CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

El reclamo de un grupo de obreras dejó huella en la primera Fiesta de la Vendimia

Trabajadoras de la conservera Arcanco iniciaron una huelga para exigir mejores condiciones laborales y salariales. La imagen de una provincia armónica, con un pueblo trabajador y la coronación de su reina que buscaba amalgamar diferencias sociales, comenzaba a verse cuestionada. Columna del Comité de Divulgación Científica del INCIHUSA.


Publicidad de la fábrica Arcanco de Godoy Cruz, Mendoza (1944). Fuente: La Libertad. Suplemento especial de Vendimia 1944

Por: Mariana Pereyra becaria posdoctoral del CONICET en el INCIHUSA.

Corría el mes de marzo del año 1936 en la Mendoza gobernada por el Partido Demócrata y se daba la particularidad de que se festejaba por primera vez la Fiesta de la Vendimia. Esta celebración era protagonizada por un grupo de mujeres que participaban de un concurso donde se exaltaba la belleza femenina y se romantizaba el trabajo en los viñedos. En paralelo, específicamente en el departamento de Godoy Cruz, otro grupo de mujeres obreras –algunas de ellas, jefas de familia– se encontraba en la calle enfrentándose a policías y rompehuelgas. La imagen de una provincia armónica y con un pueblo trabajando al unísono, coronada con la figura femenina amalgamando las diferencias sociales, comenzaba a verse cuestionada. En este caso, eran las mujeres de la industria conservera las que rompían esta fotografía idílica al luchar por sus derechos y su lugar dentro de sus puestos de trabajo.

En la década del 30, el trabajo femenino en la industria se incrementó fuertemente. Las condiciones internacionales favorecieron la expansión de la agroindustria frutihortícola mendocina, que requirió principalmente mano de obra femenina. Allí desempeñaban diferentes faenas que se consideraban más apropiadas para mujeres e infancias por sus características sexo-genéricas. Labores que necesitaban de delicadeza y minuciosidad (selección de fruta, pelado, descarozado, envasado, etc.), asociadas a un quehacer que requería de poca capacitación y reflexión, con escaso o nulo valor y estatus en el mercado. Las obreras de Arcanco formaban parte de este proceso.

La siguiente fotografía muestra el sector de la sección de envasado, donde decenas de mujeres realizaban sus tareas, vestidas con delantales y cofias blancas característicos en este tipo de fábricas:

La huelga en ese establecimiento se declaró el 13 de marzo y tuvo como principales demandas el reconocimiento del Sindicato de Trabajadores de Oficios Varios de Godoy Cruz, aumento salarial y mejoras en las condiciones de trabajo. Arcanco empleaba casi en su totalidad mano de obra femenina: había entre 200 y 300 obreras, según las fuentes. Estas, hasta ese momento, cobraban $0,20 la hora, casi el 50 % menos que los obreros varones que también trabajaban en la industria. El escaso sueldo que percibían era aún más bajo si consideramos que la mayoría de ellas mantenía sus hogares.

Otra de las solicitudes era la instalación de camarines para aseo personal y cambio de vestuario, ya que debían cambiarse en una playa adyacente al establecimiento, cubriéndose entre ellas para no ser vistas (LP, 16/03/1936). La inexistencia de habitaciones para el aseo personal de mujeres en una fábrica que empleaba casi en su totalidad personal femenino exponía el ínfimo lugar que se les daba en esos lugares. Además, pedían la provisión de delantales impermeables, la supresión del trabajo nocturno y el aviso previo al personal que debía acudir al día siguiente, ya que la empresa, para evitar pérdidas y aprovechándose del contexto de desempleo, hacía acudir a las obreras en el momento en el que llegaba la fruta al establecimiento.

El primer día del conflicto, unas 120 trabajadoras se concentraron en la puerta de la fábrica para impedir la entrada de rompehuelgas. Asimismo, el contador y el subgerente de Arcanco fueron increpados para que no ingresaran al establecimiento, ante lo que intervinieron violentamente las fuerzas de seguridad, que echaron los caballos sobre las obreras. Estos ataques policiales se repitieron a lo largo de los días.

Desde la declaración del conflicto, las obreras, divididas en comisiones, vigilaron día y noche la fábrica para impedir la entrada de rompehuelgas. Una de las noches de vigilia, el jefe de policía provocó violentamente a las huelguistas, por lo que intervino un legislador del Partido Socialista, Renato Della Santa, que también fue amedrentado por las fuerzas policiales. Por otro lado, las comisiones nocturnas fueron utilizadas por la prensa de las patronales industriales para desprestigiar moralmente a las mujeres, al cuestionar la medida de fuerza y sus objetivos. Para el diario Victoria, no existía atisbo de que las mujeres ostentaran algún ideal o consciencia sobre la gesta llevada adelante, sino que utilizaban las guardias nocturnas para pasar tiempo con “novios, galanes y pescadores de río revuelto” (Victoria, 11 de abril de 1936).

La fábrica permaneció cerrada desde el comienzo de la huelga. Aproximadamente diez días después, la empresa consiguió que alrededor de 25 rompehuelgas acudieran a trabajar, mientras afuera un destacamento de bomberos y policías con dos autobombas aguardaba para repeler cualquier movimiento huelguista. Ese mismo día se produjo un ataque policial sumamente violento contra una delegación de huelguistas que caminaba hacia la fábrica, lo que produjo un repudio generalizado de los medios periodísticos y del pueblo mendocino.

El 28 de marzo finalizó el conflicto con el reconocimiento del sindicato y un aumento salarial del 25 % ($0,25 la hora en total), un monto que reflejaba el escaso sueldo que –aun después de una dura lucha– se consideraba debían recibir las obreras. Además, se logró la supresión del trabajo nocturno y el estricto cumplimiento del horario laboral. Otro de los aspectos destacables del acuerdo fue el “…trato respetuoso de parte de capataces y superiores inmediatos” (Los Andes, 28 de marzo de 1936), algo que evidenciaba la opresión de género que padecían las mujeres en relación con los patrones y compañeros de clase. No sorprende que los industriales las buscaran como mano de obra barata, mientras infravaloraban sus capacidades mentales, físicas y laborales, dándoles un trato acorde a esta concepción.

Finalmente, una de las principales conquistas fue el establecimiento de una habitación para aseo y cambio de vestuario. El logro de una demanda fabril tan elemental para satisfacer necesidades básicas significaba el avance sobre un terreno concebido apriorísticamente e ideológicamente para ser usufructuado solo por y para varones. Simbólicamente, ganar ese espacio social representaba el triunfo y el crecimiento de la fuerza moral de esas luchadoras.

La huelga de Arcanco fue un ejemplo a seguir por otras trabajadoras. Solo dos meses después, en San Rafael, salieron las obreras de las empacadoras de frutas a dar pelea en conjunto con los trabajadores vitivinícolas y contratistas. Combinando sus demandas de clase y género, las mujeres obreras se abrieron paso en el proceso de ascenso del movimiento obrero provincial y nacional, y sentaron un precedente que fue tomado y reivindicado en luchas posteriores.

Fuente: Comité de Divulgación Científica del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales (INCIHUSA-CONICET).